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HASSÁN Y LEVY
 
El sol se sentía a través de las piedras. Leví jugaba con un camión rojo gastado y en la cabeza tenía un kippá que apenas lo cubría. A la vuelta de la esquina, Hassán  estaba sentado esperando a su madre. Lo protegía del sol un pequeño ekal.
 
Leví giró su cuerpo hacia la izquierda y el corazón le comenzó a latir vertiginosamente. Guardó el camión rojo gastado en el bolsillo y corrió aturdido en sentido contrario de donde vino el estruendo. En la esquina, se encontró con un grupo de personas que gritaban y corrían espantadas. Una mujer alcanzó a decirle algo referido a su casa.
 
Los estallidos continuaron junto con estampidos secos y prolongados. Siguió corriendo, las piernas le temblaban, terminó cayéndose boca a bajo raspándose la cara contra el empedrado. El camión rojo gastado quedó volcado marcando el lugar de la caída. Leví ahogó el llanto, se levantó y prosiguió corriendo. Dobló en la esquina y a pocos pasos encontró a Hassán que estaba llorando se detuvo a mirarlo, tendría dos años menos que él. Tal vez ni siquiera llegaba a los cuatro.
 
Su piel era más oscura y no llevaba kippá. Sin dudarlo, lo alzó y con esfuerzo siguió apresurado rumbo a cualquier lado. Hassán apoyó la cara contra el pecho de Leví. Los ojos negros tenía nublados. Leví continuó caminando con el niño en los brazos, medio cayéndose. Continuó caminando en dirección al sol de Aláh o de Yhavé, no le importaba de quien.
 
Un nuevo estallido los hizo derrumbarse contra la pared. Hassán volvió a llorar. Leví lo besó en la frente, siguieron caminando. Se encontraron con otros mayores que corrían desaforados. Uno los chocó y volvieron a caer. Con mucho esfuerzo, Leví apretó a Hassán que lo abrazaba contra su pecho, y continuaron avanzando. Una fuerte explosión hizo vibrar la tierra. Leví alcanzó a ver una puerta abierta. Hassán gemía entre pucheros ahogados. Otra explosión, y la puerta parecía distante para esos reducidos pasos. Lograron entrar, estaba muy oscuro y olía a humedad . Igual se sentaron. Una nueva explosión, esta vez mas cerca. Hassán se estremeció, Leví sintió al pequeño temblar y apretó su mano.
 
El perro ladró con vehemencia indicando los escombros. La periodista de la CNN, le habló al mundo de un nuevo enfrentamiento en el Medio Oriente. De dos pérdidas fatales. De un empate. La cámara se alejó del rostro de la periodista. Al fondo, se veían unos hombres vestidos de combate corriendo hacia ambos lados. La cámara tomó los escombros, y entre ladrillos y polvo, los cuerpos de dos niños con las manos juntas. Uno tendría seis años, el otro casi cuatro. Por el mundo entero viajó la imagen de Hassán y Leví. Una cabeza apoyada contra la otra. Sin el ekal y sin el kippá. Parecían dormidos... Parecían hermanos...
 
 

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